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En 2010, Jafar Panahi fue condenado a seis años de cárcel y veinte sin poder dirigir películas por su apoyo a la oposición iraní. Esta película es una acto de resistencia. Filmada por él mismo y su compañero Mojtaba Mirtahmasb durante el arresto domiciliario de Panahi, reflexiona sobre la situación del cine iraní del momento y sobre la libertad artística.