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Filmación a partir del rodaje del film El Conde Drácula, de Jesus Franco. Portabella ejerce dos tipos de violencia sobre la narrativa estándar: elimina totalmente el color y sustituye la banda sonora por un paisaje de colisiones imagen-sonido en colaboración con Carles Santos. Filmado provocadoramente en 16 mm y con negativo de sonido, las tensiones entre el blanco y el negro favorecen el extraño «materialismo fantasmático» de este análisis revelador de los mecanismos de construcción del ilusionismo del cine narrativo dominante, que al mismo tiempo constituye una intervención radical en la institución cinematográfica española.